A casi todos nos pasó alguna vez.
Te gusta alguien.
Te ilusionás.
Y de repente esa persona aparece con otro que parece tenerlo todo: seguridad, carisma, atractivo, popularidad.
El famoso “¿por qué él y no yo?”.
Ese momento duele. Y mucho.
Pero lo que pase después no está escrito.
El golpe no te define, lo que hacés con él sí
La reacción inicial suele ser la misma para todos:
- frustración
- bronca silenciosa
- comparación
- sensación de “no soy suficiente”
Hasta ahí, normal.
La diferencia aparece después.
Hay quienes se quedan atrapados en ese enojo y empiezan a repetir un relato:
“Siempre pierdo”
“El mundo premia solo a ciertos perfiles”
“Yo nunca voy a encajar”
Y hay otros que, con tiempo y reflexión, hacen algo distinto:
“Esto me dolió… pero algo puedo aprender”
Ahí se separan los caminos.
Cuando el fracaso se vuelve un club
En internet (y fuera de él) existen grupos que se forman alrededor del enojo compartido. Personas que se sienten rechazadas, invisibles o fuera del juego, y que se agrupan para validarse entre sí.
Eso tiene algo tentador:
- no hay exigencia de cambiar
- nadie te incomoda con su progreso
- todos confirman que “el problema no sos vos”
El problema es que ese alivio emocional sale caro.
Cuando solo te rodeás de gente que está igual de frustrada, no crecés:
te quedás girando en el mismo lugar.

Por qué se rechaza tanto a los “ganadores”
El chico seguro, social o atractivo no molesta por ser malo.
Molesta porque incomoda.
Su sola existencia plantea una pregunta difícil:
“Si él puede… ¿por qué yo no?”
Y esa pregunta da miedo.
Es más fácil desacreditar, burlarse o despreciar que aceptar que quizás:
- hay habilidades que se pueden aprender
- hay actitudes que se pueden trabajar
- hay versiones de uno mismo que todavía no salieron a la luz
El verdadero cambio: pasar de la envidia al aprendizaje
Algunas personas logran algo poco común:
dejan de ver al otro como enemigo y empiezan a verlo como referencia.
No para copiarlo.
No para competir obsesivamente.
Sino para entender qué hace distinto.
Ese giro interno cambia todo:
- la actitud
- la postura
- la forma de hablar
- la energía social
Y casi sin darse cuenta, esa persona empieza a crecer.
A su manera.
El cambio no tarda años, tarda en empezar
Muchos creen que “evolucionar” lleva décadas.
En realidad, lo que suele llevar años es animarse a empezar.
Cuando alguien deja el resentimiento, el progreso suele ser rápido:
- más confianza
- mejor vínculo con otros
- menos comparación
- más autenticidad
No es magia.
Es dejar de pelear con el mundo y empezar a trabajar con uno mismo.
Para cerrar!
No todos van a ser extrovertidos.
No todos quieren ser populares.
Y está perfecto.
Pero todos pueden elegir entre dos caminos:
- quedarse en la queja compartida
- o atravesar la incomodidad que transforma
El primero calma.
El segundo construye.
Y si estás leyendo esto, probablemente todavía estés a tiempo de elegir.

